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LA PUERTA ABIERTA

by Joaquín Pujol Gonzalo on 2 de septiembre de 2015

el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre” (Ap. 3:7)

Cristo no busca la potencia de sus santos; El entra en Su propio servicio personal y peculiar y El mismo tiene la llave; esto es nuestra confianza. Si se levantan grandes olas en otros países y parece ser prohibida la predicación del Evangelio, bien, todo esta en Su mano.

Es posible que yo desee que el evangelio sea predicado en un lugar determinado, y que aparezcan impedimentos muy grandes, pero es mi consuelo saber que Cristo tiene la llave, y todo el poder divino de Dios está a su disposición, y lo es como se dice en Juan 10:3 “A ese abre el portero” ; así es que cuando Jesús se presentó a Si mismo como en los evangelios, ninguno podía impedir Su testimonio. Todas las potestades de la tierra, los fariseos, los doctores, los pontífices, los gobernadores, los Pilatos y los Herodes –aquellas zorras- no podían impedir a una sola pobre oveja que no pudiese entender la voz del buen Pastor en los días de su carne; y así es ahora, pues Cristo es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.

Esta es nuestra confianza al predicar el evangelio; pues con toda la libertad con la cual somos bendecidos en este país, yo no podría tomar cuenta de un solo año más, sino por esta simple promesa “Yo he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar”; y yo podía ir sin temor en alguna tierra cualesquiera fuesen las circunstancias externas, si viese que el Señor había puesto delante de mi una puerta abierta.

Por supuesto debemos aguardar el tiempo del Señor para abrir la puerta; como vemos en el caso de Pablo; era prohibido hablar en Asia en cierto tiempo y, después le hallamos allí por tres años, el Señor reconociendo sus obras allí, así que todo Asia (de que Efeso, donde Pablo estaba formando una iglesia era la capital), oyó la palabra de Dios. Por supuesto hemos de estar contentos de buscar apoyo por fe en el brazo de Quien tiene la llave, y en nuestra paciencia deberemos poseer nuestras almas; pues habrá siempre las circunstancias para ejercitar nuestra fe, y Dios permitirá levantar estas circunstancias para demostrarnos que no podemos proceder sin El. Pues, entonces hallamos que no tenemos potencia, y que Dios responde a nuestra flaqueza según su poder; porque El no puede faltar de responder a la fe dada por El.

Yo he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar” Esta palabra me ha dado a menudo gran confianza –ninguno puede cerrarla- Esto es tan bendito consuelo, que si Cristo ha abierto una puerta, ningún hombre, diablo ó espíritu malo puede cerrarla; y aunque no tengamos fuerza para poder empujar, la puerta estará abierta para nosotros.

Joaquín Pujol Gonzalo

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