¡AMOR INCOMPARABLE!
En un viaje a Burgos hace dos semanas, durante una reunión de evangelización conocí a Manuel, un burgalés ya mayor, vecino de un pueblo cercano a la capital.
Mientras tomábamos unos aperitivos, Manuel me contó como de joven marchó a Argentina en busca de fortuna para hacerse una buena posición y volver a España rico. Fundó tres empresas y su vida prosperó grandemente según había soñado.
Los socios de Manuel, gente sin escrúpulos, viendo su prosperidad le engañaron, estafaron quitándole sus negocios y dejándole en la más completa ruina.
Manuel se vio de pronto hundido en la miseria, pobre y sin recursos, con su mujer y sus cuatro hijos que cuidar y alimentar. ¡¿Qué hacer?!. Su corazón ardía lleno de amargura y odio, su único pensamiento era matar a los socios que le habían estafado y arruinado.
Con este pensamiento se dirigió a la tienda para comprar la pistola y cumplir su venganza. Cuando estaba cerca del establecimiento a unos veinte metros, escuchó una voz fuerte que decía: “¡¿Qué de tus hijos?! Manuel se paró en seco, dio media vuelta y se volvió al hogar habiendo desaparecido el pensamiento vengador.
Como pudo, Manuel vendió los pocos bienes que le quedaban y casi con lo puesto regresó con su familia al lugar de su nacimiento en el pueblecito cercano a Burgos, donde cuidó ovejas y vacas para poder alimentar a los suyos. Mas tarde pudo obtener una plaza en la RENFE, de donde está jubilado.
Un conocido de Manuel le habló a él y su familia del amor de Jesucristo, como había venido a este mundo para morir por nuestros pecados, resucitando al tercer día y trayendo un mensaje de perdón y reconciliación con El. Era el regalo más grande que Dios nos había dado y que debíamos aceptarlo. Manuel y toda su familia aceptaron el regalo del perdón y la salvación ofrecidos por Jesucristo y se integraron en una iglesia evangélica de Burgos.
Manuel me decía como Dios le había guardado de matar a los socios, concediendo que rehiciera su vida y le conociera a El: “si no hubiera sido por el Señor, yo estaría en la cárcel y mi familia deshecha. Regresamos a España para conocer y experimentar su amor incomparable manifestado en la Cruz.” Se le notaba a Manuel un rostro radiante mientras me compartía la historia de su vida.
La historia que Manuel contó, me recuerda a la parábola de la oveja perdida en el evangelio de San Lucas 15: 1-7 cuando el pastor buscaba la oveja que se había perdido, por fin la encuentra herida, maltratada, a merced de los lobos; la recoge, la cuida y la cura, la pone sobre sus hombros y la lleva a lugar seguro.
Esto es lo que hace Jesús con cada uno de nosotros cuando le buscamos, nos volvemos a El de corazón en busca de ayuda, nos recibe, nos abraza, sana nuestras heridas y nos llena de amor y propósito para vivir.
Jesús no es solo alguien que vivió hace unos dos mil años, vive hoy, está mas vivo que tú y que yo, y quiere cuidar y llenar nuestras vidas de con amor. Manuel es un testimonio de su amor incomparable que puede ser también tuyo y mío.
José Luis Briones

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