“ SIGUEME”
Las primeras palabras del Señor Jesucristo a un alma pecadora son: “Venid a mi”. Si esa alma viene a El, encuentra descanso: pero luego EL añade estos dos mensajes: “permaneced en mi” y “sígueme”. Si hemos llegado a El y le seguimos, permaneciendo en El, tendremos que tomar nuestra cruz como El tomo la suya y negarnos a nosotros mismos. (Luc. 9:23). Tendremos que salir fuera del campamento para llevar su vituperio. “Salgamos pues a él, fuera del campamento, llevando su vituperio” (He.13:13) El que nos salvó, es El que nos guía y nos guarda, por lo tanto debemos seguirle. Nuestra vida entera debe ser puesta con ese objeto. “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor” (Jn.12:26); “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Jn. 10:27) “Seguís a El porque es bueno” es el verdadero significado del pasaje (1ª Pedr 3:13). Su promesa verdadera es: “El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn.8:12).
Siguiéndole, le veremos mirando hacia delante, cuando puso su rostro para ir a Jerusalén, donde le esperaba la cruz, y cuando al saberlo los discípulos, Pedro le toma aparte y le dice: “Señor ten compasión de ti: en ninguna manera esto te acontezca”; pero el responde: “quítate de delante de mi, Satanás; me eres tropiezo” (Mt 16:22-23), así tendremos que ir adelante aunque nos espere sufrimiento. Le veremos mirando hacia arriba, porque El “levantando los ojos hacia arriba”, alabó al Padre. También nosotros tendremos que hacerlo, porque el nos dice: “Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col.3:1). Tendremos que soportar la contradicción de pecadores como El la soportó (He.12:3). Tendremos que llevar su vituperio, porque es mejor que los tesoros de los egipcios (He:11:26). Tendremos que mirar al que fue “manso y humilde de corazón” (Mt.11:29), y quien fue “despreciado y desechado entre los hombres” (Is. 53:3), para que no nos desmayemos nosotros (He.12:3).
Si empezamos a darle las espaldas al mundo y miramos a Jesús, tengamos presente que mirándole tendremos descanso y salud en el alma, y persistiendo en mirarle diariamente mantendremos descanso y buena y perfecta salud espiritual. Mirándole, nos dará luz en horas de oscuridad; nos reforzará en medio de la debilidad; nos confortará en nuestras dificultades y nos alentará en el día de nuestro desaliento. Si quitamos nuestros ojos de El y rechazamos la cruz que nos ha dado, con seguridad que regresaremos en el camino, y llegaremos a ser fríos y aún nos olvidaremos del perdón de nuestros antiguos pecados (2ª Pedr. 1:9) Nubarrones habrán y eclipses, pero la luz de su rostro no se apagará y el Sol de justicia nunca se pondrá.
La palabra “sígueme” fue suficiente para que Mateo cambiase su vida (Mt. 9:9). Esta misma palabra cambio la vida de Felipe (Jn.1:43). Es uno de los requisitos para tener tesoros en el cielo (Mt.19:21) Hubo otro al que también se le dijo… pero puso condiciones (Lc. 9:59). ¿Qué le contestaras tu?

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