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¿PREPARADOS PARA VIVIR?

by José Luís on 12 de junio de 2015

Un domingo por la tarde al salir de casa, me encontré con un matrimonio ya mayor que paseaban juntos. El marido llevaba los auriculares puestos y el transistor en la mano escuchando seguramente el partido del Real Madrid u otro de sus favoritos que se transmitía a esa hora. Mientras él disfrutaba con la emoción del momento, la mujer iba a su lado con la frustración y seriedad reflejados en su rostro. Caminaban juntos físicamente pero les separaba un abismo en la relación, faltaba la comunicación entre ellos. Me parecían un símbolo de la realidad que vivimos en nuestros días, la soledad y falta de comunicación que padecemos aunque estemos rodeados de gente.

Nuestra sociedad se está insensibilizando ante el sufrimiento del prójimo, de su soledad, dolor y desesperación. Decimos que ya tenemos bastante con nuestros problemas para tener que pensar en otros. Nos estamos acostumbrando a ver con indiferencia el dolor humano como si fuera algo normal en la vida, sin conmovernos por ello. Un joven me decía: “tengo que marchar de casa, no puedo soportar la convivencia con mis padres”. Un mujer hablando con mi hermana la comentaba: “todo me es indiferente, no tengo ilusiones; no me importa nada la vida y sería mejor si muriese, ojalá no despertara a la mañana”, y tantos otros casos del drama humano.

Vivimos tiempos de temor e incertidumbre donde las perspectivas no son nada favorables, como si un futuro pesimista y sombrío se cerniera sobre nosotros. La subida imparable del precio del petróleo, el desplome de las bolsas, comiéndose los ahorros de muchos inversores que tenían puesta su confianza en ellas, son ejemplos del panorama inseguro que vivimos, a pesar de las buenas palabras de los políticos, de los descubrimientos, avances y progresos de nuestra edad pos-moderna.

El médico suizo Paúl Tournier, escribiendo sobre el problema del temor en el ser humano, decía: “La ciencia no libera en absoluto al hombre del miedo. El hombre moderno está tan perseguido por el miedo como el primitivo”.

El científico alemán Alejandro Humbolt, contó acerca de un terremoto que vivió en los trópicos de América del Sur. Contemplaba como se derrumbaban los edificios y se desplomaban los árboles, de manera que sintió como nada bajo sus pies estaba seguro, todo se tambaleaba. Humbolt comentaba que en esa situación miró hacia arriba y le pareció que solo el cielo parecía inconmovible.

Sólo Aquel que vino del cielo permanece inconmovible. Su amor por nosotros es eterno, no cambia. Dice la Biblia que: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos”, Hebreos 13:8. Jesucristo es el único que ofrece dar sentido a la vida, seguridad en el futuro y esperanza en el presente. Jesucristo es el único que puede guiarnos a través de la soledad, el temor e incertidumbre de nuestros días. El es el único que puede ayudarnos a enfrentar la vida dándonos fuerzas, paz y dirección. El es el único que ha dicho: “Venid a mí los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, S. Mateo 11:28. Jesús no se quedó en la tumba cuando murió hace algo mas de 2000 años, venció a la muerte, resucitó, vive hoy y porque él vive, nos ofrece la vida para que la vivamos plenamente. Jesucristo pagó el precio mas alto que nadie jamás podía pagar, muriendo en la cruz por nuestros pecados y hoy nos extiende su invitación para acercarnos a él arrepentidos y tener un encuentro de perdón y paz verdaderos.

Con Jesucristo ¡sí estamos preparados para vivir!.

José Luis Briones

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