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COMO SE QUITAN LOS PECADOS

by Cristóbal on 18 de septiembre de 2019

Dice la historia que en una ocasión la reina Victoria de Inglaterra quiso visitar una fábrica de papel que estaba próxima a su palacio. Dejando a cierta distancia su carruaje y comitiva llamó, (acompañada solamente de una de sus damas) a la puerta de la fábrica, la cual fue abierta sin que los operarios supiesen quien era la persona que visitaba sus talleres.

Le enseñaron las máquinas, y le explicaron el procedimiento de convertir en papel una pasta.

La reina gozó mucho y manifestó un vivo interés en todo lo que veía.

Disponía ya a retirarse cuando la invitaron a entrar en un enorme salón, lleno de polvo y harapos, donde gran número de mujeres y niños estaban separando trapos de todos colores y muy inmundos.

-De esto sale la pasta que la señora vio en la otra sala, de esto sale el papel.

-¿Cómo (observó la visitante) habiendo aquí trapos de todos colores sale el papel tan blanco?

-Por medio de un proceso químico que destruye todos los colores. Aunque sean rojo como el carmesí, salen blancos como la nieve.

-Es cosa bien curiosa, dijo ella.

Terminada su visita, se retiró, agradeciendo la atención que para ella habían tenido enseñándole todas las cosas.

El fabricante quiso acompañarla hasta el carruaje y entonces fue cuando vio, con sorpresa, que la amable visitante no era otra que la reina. La saludó con toda reverencia y la comitiva se retiró.

Algunos días después la reina halló en la mesita de su cuarto un envoltorio de un bellísimo papel blanco y en cada una de las hojas marcadas en filigrana, el escudo real y las iniciales del nombre de su majestad.

El paquete iba acompañado de las siguientes líneas:

“Dígnese V.M. aceptar una muestra de mi papel, que le ofrezco como un pequeño recuerdo, asegurándole que cada una de esas hojas es el producto de aquellos montones de trapos de todos colores que V.M. vio en mi fábrica. Permítame V.M. que le diga que esta maravillosa transformación es para mí una lección diaria.

Por ella aprendo como nuestro Señor Jesucristo, con su preciosa sangre, limpia a los pobres pecadores, cuya alma está más sucia que los trapos de mi fábrica, de manera que si sus pecados son rojos como el carmesí quedan como la blanca nieve.

También aprendo como Dios pone sobre las almas la señal de su Hijo, al igual que sobre las hojas de este papel está puesto el sello real.

Y también que como yo, que con mis sales químicas pude reparar unos trapos tan sucios de manera que puedan ser recibidos en vuestra real morada, así las almas limpias con la sangre de Jesús son hechas aptas para ser recibidas en la morada del Rey de reyes.

Joaquín Pujol

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