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LA VERDAD DEL EVANGELIO

by Cristóbal on 28 de septiembre de 2018

Como todo el mundo sabe, o más bien debería saber, Evangelio quiere decir buena nueva, noticias gratas. Ahora bien, una noticia, por buena y grata que sea, nada vale si no es verdadera. Podrá producir al principio una alegría inmensa, pero ésta se tornará en una terrible desilusión en poco tiempo.

La buena noticia del Evangelio se puede formular muy sencillamente: Que Dios ama con tal amor a sus criaturas perdidas (a los hombres) a cada uno de ellas en particular y a todos en general, que ha dado a su Hijo Unigénito, y le ha enviado al mundo para que les sea un Salvador eficaz y poderoso; y que este Hijo eterno de Dios, inflamado en los mismos anhelos redentores que su padre celestial, se acercado a nuestra pobre humanidad. Más que acercarse, la ha tomado sobre sí participando de su naturaleza, haciéndose carne de nuestra carne, y como hombre perfecto ha pasado por los dolores y muerte, obrando así nuestra redención y ganando acceso a nuestras almas que solo con pruebas tan fehacientes podrían creer en un amor tan sublime por parte del Dios de quien se extraviaron.

En pocas palabras: El Evangelio es para cada hombre la noticia de que Cristo lo reconcilia con Dios, si el quiere volver al trono divino de la mano de tan adecuado mediador.

¿Es verdad esta noticia? Lo es, y eso no porque los teólogos la expliquen, ni la defiendan los apologistas, ni pueda ser demostrada como dos y dos son cuatro, sino porque es una noticia comprobable por la experiencia y hallada verdadera por cuantos se han fiado de ella. Esta noticia es un cheque cuyo pago nunca ha sido rehusado en el Banco Celestial. Creer en Él es cobrarlo.

Pero los llamados a divulgar entre los hombres esta buena nueva, deben tener cuidado de no agregar a ella nada que desvirtúe su amplitud y su valioso significado. Debemos tener en cuenta que la imaginación humana ha sido fecunda para inventar medios infructuosos de acercar el hombre a Dios y no renuncia a ellos ni a cambiarlos, por inútiles que sean, por el medio supremo e infalible contenido en la buena noticia del Evangelio.

Joaquín Pujol

 

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