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S. O. S.

by Cristóbal on 28 de octubre de 2018

El barco de vapor Carpathia iba directo a su destino cuando de repente, en una noche clara y estrellada el capitán ordenó que cambiaran el rumbo. ¿Por qué?

No parecía haber peligro ninguno y el tiempo se presentaba favorable a la tranquila navegación. Pero por las ondas del telégrafo llegó una señal de S.O.S.; Es decir “Save Our Soul” (Salva nuestras almas). Esta señal de socorro llegó del Fitance que se estaba hundiendo y en el cual viajaban unas 1500 almas cara a cara con la muerte.

El capitán cambió inmediatamente el curso de su barco y llegó al punto del horrible naufragio a tiempo para poder salvar a algunos centenares de pasajeros.

La misma señal de socorro que aquélla noche siniestra salía de aquel barco que se hundía, se eleva actualmente a millones de infelices viajeros que están atravesando el mar del mundo camino hacia la eternidad. Cuando la súplica “Dios salva mi alma” parte de un corazón sincero y quebrantado llega al trono de Dios. Y tan cierto como tal ruego se eleva a Su trono, tan seguro es que viene su socorro porque Él dice “Yo soy Dios, el Dios Tuyo…” “Invócame en el día de la angustia, y te libraré y tú me honrarás” (Salmo 50:7,15).

Tú, que estás leyendo esto, si no te has entregado por fe viva a Dios, en cuerpo y alma, te hayas en gran peligro. En realidad estás pereciendo ¿Cómo? Pues la Palabra de Dios dice que “todos pecaron” y que “la paga del pecado es muerte” y que quien no se arrepienta, se halla en camino a la perdición. Así es que si no te has arrepentido y pedido a Dios perdón en nombre de Jesús estas caminando a la fatal perdición, al abismo infinito. Ya no te queda más remedio que valerte de la señal de socorro. Por tanto dirígete ahora mismo a Dios diciendo: “Salva mi alma, por amor a Jesús”.

“Por amor de Jesús” porque toda la salvación del pecador depende de los méritos de Jesús, por cuanto murió Él, el justo por los injustos, para salvarnos. Muriendo en nuestro lugar pagó el precio del rescate demandado por la ley inexorable. Mediante la sangre de Jesús hay ahora perdón para quien lo pida confiado en el sacrificio hecho una vez por el pecado en la cruz. Así es que por indigno que fuera el arrepentido que acude a Dios en nombre de Jesús, alcanza sin falta el perdón y la salvación de toda culpa.

Como aquellos centenares de almas que confiaron sus vidas al capitán del Carpathia se salvaron y fueron llevados sanos y salvos al puerto seguro, así será tu alma, si la confías al Capitán de la Salvación que es Cristo Jesús.>

Joaquín Pujol

 

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