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Un Rastro de Sangre

by José Luís on 6 de marzo de 2013

Ocurrió en la A 2 de Madrid: un trágico accidente de tráfico en el que un joven motorista perdió la vida al ser atropellado y arrollado por un vehículo. Durante unos días al pasar por la A-2 camino de la oficina, veía el rastro de sangre en el centro de la calzada. Aunque el servicio de Limpiezas del Ayuntamiento trató de cubrir con arena la mancha de sangre, ésta permaneció visible por un tiempo, siendo una señal clara de que había habido un accidente mortal.

Esta triste historia me recordó otro rastro de sangre, también de otra muerte pero que en este caso, paradójicamente, fue voluntaria. Una muerte que produce vida, la sangre derramada por Jesucristo en una cruz hace algo mas de 2000 años, según nos cuentan quiénes lo vivieron y vieron con sus propios ojos.

La muerte de Jesús no fue a causa de un accidente de tráfico ni un atropello de los líderes religiosos de su época o el ejército romano (aunque lo hicieron físicamente), Jesús entregó su vida voluntariamente como pago por los pecados de todo el mundo. Su sangre derramada en la cruz tiene el poder de dar vida, llevar a una relación correcta con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos, no importa cuál haya sido la historia o circunstancias de cada uno. Su sacrificio en la cruz puede transformar totalmente la vida de quiénes todavía le buscan hoy.

La historia de Jesús, su vida, muerte y resurrección, no es un cuento ni fantasía para levantar el ánimo decaído y hacernos vivir una falsa esperanza; tampoco es la experiencia de “unos iluminados” depresivos que buscan un agarradero divino donde aferrarse. La historia de Jesús es la realidad experimentada por millones de personas de toda condición, idiomas y naciones en el mundo entero desde el tiempo del mismo Jesucristo hasta nuestros días.

La mañana que salió de su casa, el joven motorista  no sabía  que iba a sufrir el trágico  accidente mortal. Ninguno de nosotros tampoco tenemos asegurada la vida ni sabemos que en cualquier momento puede “haber un accidente” que nos la quite. Este joven motorista  también recibió la sangre que traía la vida. Mas tarde me enteré que él también era creyente, había puesto su confianza en el sacrificio de Jesucristo en la cruz y sabía que su vida estaba asegurada aquí y para la eternidad.

Hay una frase sorprendente de Jesús en el Evangelio: “mi sangre es verdadera bebida” S. Juan 6:55 porque es sangre de un sacrificio que calma la sed interior, llega a lo profundo del alma llenando la vida de perdón y paz.
El joven motorista murió pero vive con Dios. Nosotros también moriremos un día (aunque no sea de accidente de tráfico), pero si hemos puesto nuestra confianza en el sacrificio de Jesucristo, tenemos la seguridad de una vida nueva, completa y eterna con El, sin lugar a dudas.

José Luis Briones

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